El Decreto de la Alhambra y la Expulsión de España
En julio de 1492, el rey Fernando y la reina Isabel de España emitieron el Decreto de la Alhambra, ordenando la expulsión de todos los judíos de España. Aquellos que permanecieron solo tenían dos opciones: convertirse al cristianismo o irse de inmediato. Familias que habían vivido en España durante más de 1,000 años se vieron obligadas a abandonar sus hogares, negocios y sinagogas. La expulsión fue absoluta y devastadora.
El Fracaso de la Europa Cristiana
Mientras los refugiados judíos buscaban refugio, ningún reino cristiano en Europa los acogía. La situación empeoró cuando algunos barcos que transportaban refugiados fueron robados por sus propios capitanes, añadiendo tragedia a un éxodo ya desesperado. En toda la Europa cristiana, no había refugio ni bienvenida para la población judía desplazada.
La Respuesta Otomana
Cuando el sultán Bayezid II en Estambul escuchó la noticia de la expulsión, no dudó. Envió toda la armada otomana, comandada por el almirante Kemal Reis, no para la guerra, sino para el rescate. El sultán emitió proclamaciones en todo su imperio dando la bienvenida a cada refugiado judío, ofreciéndoles ciudadanía y protección. Más de 150,000 refugiados judíos fueron evacuados a tierras otomanas, con muchos asentándose en ciudades importantes como Salónica, Estambul, Esmirna y Edirne. Salónica se volvió tan densamente poblada de vida judía que ganó un nuevo nombre: la Jerusalén de los Balcanes. Mientras que la Europa cristiana fue escrita en la historia como el villano de esta historia, el Imperio Otomano que salvó a estos refugiados rara vez se menciona en los relatos históricos.